El martes 18 de septiembre de 1962, cinco días antes del Día de la Aviación Nacional, dos aviones Cessna T-37 de la Fuerza Aérea del Perú (FAP) chocaron durante un ejercicio acrobático sobre Pisco. Murieron sus pilotos, el capitán FAP Juan José Hernández Panduro y el teniente FAP Jorge Víctor Salazar Medina. La tragedia ocurrió durante una jornada de entrenamiento destinada a preparar las demostraciones aéreas previstas para el 23 de septiembre, fecha en la que entonces se conmemoraba la hazaña de Jorge Chávez. La información fue registrada por El Comercio en su edición del 19 de septiembre de 1962 y posteriormente recuperada por su Archivo Histórico.
La práctica se desarrollaba en Pisco por disposición de la superioridad aeronáutica, debido a que las condiciones meteorológicas de esta zona eran consideradas apropiadas para las evoluciones aéreas. Según la reconstrucción publicada a partir de la información contemporánea, dos escuadrillas de T-37 habían realizado ejercicios aquel día: una durante la mañana y otra por la tarde. La escuadrilla en la que participaban los dos pilotos accidentados inició su ejercicio aproximadamente a las dos de la tarde. Diez minutos después del despegue, los cuatro aviones ejecutaban su primera prueba del programa acrobático, a unos tres kilómetros al norte de la Base Aérea de Pisco.
El Cessna T-37 Tweet pertenecía a una generación de aeronaves a reacción destinada al entrenamiento de pilotos. La propia FAP mantiene actualmente al T-37 dentro de la memoria de sus aeronaves de instrucción, y su documentación institucional confirma que el modelo formó parte de la trayectoria operacional de la institución. En 1962, por tanto, estos reactores representaban una expresión de la modernización tecnológica que atravesaba la aviación militar peruana. Las maniobras que se practicaban en Pisco no constituían simplemente una actividad recreativa: formaban parte de la preparación profesional de los pilotos y de las demostraciones públicas con las que la institución proyectaba sus capacidades.
La tragedia se produjo durante una maniobra denominada tonneau, término aeronáutico empleado para describir una rotación de 360 grados alrededor del eje longitudinal de la aeronave. Los cuatro T-37 se encontraban realizando sus respectivas evoluciones cuando dos de ellos se aproximaron y sus alas entraron en contacto. El impacto destruyó las aeronaves. Una explotó prácticamente en el aire, mientras la otra perdió su estructura y cayó desintegrándose durante el descenso. Los restos quedaron dispersos en las inmediaciones del fundo Santa María, aproximadamente a un kilómetro de la carretera que conducía al balneario de San Andrés.
La magnitud de la destrucción dificultó la recuperación de los pilotos. El capitán Hernández Panduro fue encontrado primero. Los restos del teniente Salazar Medina fueron localizados aproximadamente una hora y diez minutos después, en una acequia de regadío, debajo de un fragmento del motor de una de las aeronaves. La noticia de la tragedia se extendió rápidamente entre el personal militar y los testigos que habían presenciado el ejercicio. Las fotografías conservadas actualmente por el Archivo Histórico de El Comercio muestran además la presencia de numerosos curiosos alrededor de los restos de los aparatos, evidencia visual de la conmoción que produjo el accidente en el lugar.
Detrás de los nombres de las víctimas había dos trayectorias profesionales que la prensa de la época se encargó de reconstruir. Jorge Víctor Salazar Medina tenía 31 años, había egresado como oficial en 1954 y había recibido en Estados Unidos un curso especializado en el manejo de aviones a reacción. Sus compañeros lo consideraban un piloto destacado. Estaba casado con Graciela Cussianovich y tenía un hijo. Juan José Hernández Panduro, de 32 años, había estudiado en el Colegio Militar Leoncio Prado, pertenecía a la undécima promoción y era natural de Iquitos. También tenía experiencia en aeronaves a reacción. Estaba casado con Gladys Manzur y era padre de dos hijos pequeños.
La tragedia alcanzó inmediatamente a las familias. La prensa registró que Salazar había salido de su domicilio en Miraflores aquella misma mañana rumbo a Pisco y había comunicado que participaría en los ensayos para el llamado “mitin aéreo” del 23 de septiembre. Su familia, originaria de Mollendo, recibió la noticia ese mismo día. En el caso de Hernández Panduro, la pérdida significó también dejar a dos hijos pequeños. Estos datos permiten comprender que detrás del accidente ocurrido en el cielo de Pisco existieron dos familias que, en cuestión de horas, pasaron de esperar el regreso de sus seres queridos a recibir la noticia de su muerte.
Los otros dos T-37 de la escuadrilla lograron apartarse de la zona de la colisión y aterrizaron poco después. Junto con los cuatro aviones de la escuadrilla que había realizado el ejercicio de la mañana, regresaron posteriormente a su base original en Las Palmas, Lima. Antes de abandonar Pisco realizaron un gesto que quedó registrado en la crónica de El Comercio: los seis aviones volaron en formación sobre el lugar donde habían muerto sus compañeros, inclinaron pronunciadamente una de sus alas en señal de homenaje y luego emprendieron el regreso hacia Lima. Fue una despedida desde el aire a dos pilotos que habían perdido la vida durante un acto de servicio.
Los restos de Hernández Panduro y Salazar Medina fueron trasladados a Lima la misma tarde del accidente. Llegaron aproximadamente a las 6:30 p. m. y fueron conducidos al Instituto de Sanidad de Aeronáutica, donde se realizó el velatorio y posteriormente las ceremonias fúnebres con honores militares. Al día siguiente, 19 de septiembre, sus compañeros de armas, familiares y autoridades participaron en la despedida. La documentación periodística de aquellos días conserva también imágenes del cortejo y del homenaje tributado a ambos oficiales.
Una cuestión que requiere especial cautela es la causa del accidente. La reconstrucción contemporánea recogida por El Comercio vinculó el siniestro con la ejecución de la maniobra y señaló que todo llevaba a considerar un factor humano. Sin embargo, expresiones como “error de cálculo”, “descuido” o “maniobra desgraciada” no deben transformarse automáticamente en una conclusión técnica definitiva. En las fuentes actualmente verificadas no aparece el expediente oficial de la investigación aeronáutica que permita establecer con precisión la causa, la secuencia técnica completa de la colisión o las eventuales responsabilidades. Por ello, históricamente es más riguroso afirmar que los dos T-37 colisionaron durante una maniobra acrobática y dejar la determinación de la causa técnica en el ámbito de la investigación oficial que pudiera conservarse en los archivos de la FAP.
El contexto de la tragedia resulta particularmente significativo. La Fuerza Aérea se preparaba para el 23 de septiembre, fecha que en 1962 correspondía al aniversario de la hazaña de Jorge Chávez. Los pilotos habían acudido a Pisco precisamente para practicar las evoluciones que formarían parte de aquellas actividades. Cinco días antes de la celebración, la preparación se transformó en duelo. La coincidencia temporal explica por qué el accidente adquirió una dimensión especial dentro de la memoria de la aviación peruana: ocurrió cuando la institución se disponía a exhibir públicamente la destreza de sus pilotos y el desarrollo de su aviación de reacción.
Para Pisco, el episodio forma parte de una historia más amplia relacionada con la actividad aeronáutica desarrollada en la ciudad y sus alrededores. La Base Aérea, los vuelos de entrenamiento, las demostraciones y la presencia periódica de aeronaves militares hicieron del cielo pisqueño un espacio familiar para la población. La tragedia del 18 de septiembre alteró esa relación cotidiana: quienes habían observado los ejercicios aéreos como una demostración de precisión y modernidad fueron testigos de un accidente que terminó con la vida de dos pilotos y dejó restos de las aeronaves dispersos sobre el territorio pisqueño. La presencia de curiosos registrada en las fotografías del Archivo Histórico de El Comercio confirma además que el acontecimiento tuvo una dimensión pública y local.
A 64 años de aquel martes de septiembre, la historia de Hernández Panduro y Salazar Medina merece conservarse no como una anécdota trágica de la aviación, sino como parte de la memoria histórica de Pisco y de la evolución de la aviación militar peruana. El accidente permite observar simultáneamente tres dimensiones: la modernización tecnológica de la FAP, el riesgo inherente a la formación y entrenamiento de sus pilotos y la dimensión humana de quienes perdieron la vida mientras cumplían una actividad profesional. La investigación histórica debe conservar esas tres perspectivas sin añadir explicaciones que los documentos todavía no permiten demostrar.
La historia de Pisco no está formada únicamente por sus grandes acontecimientos políticos, económicos o culturales. También está construida por episodios como este, ocurridos en sus cielos y territorios, que vinculan la memoria de la ciudad con la historia nacional. El 18 de septiembre de 1962, Pisco fue escenario de una tragedia que interrumpió dos carreras profesionales y dejó una huella en la historia de la Fuerza Aérea del Perú. Recuperar los nombres de Juan José Hernández Panduro y Jorge Víctor Salazar Medina, reconstruir lo ocurrido con rigor documental y conservar la memoria del lugar donde murieron constituye una forma concreta de preservar una parte de la historia aeronáutica de Pisco.
Referencias
Batalla, C. (2022, 19 de septiembre). El día que dos aviones de la FAP chocaron en Pisco al intentar una maniobra acrobática. El Comercio. Archivo Histórico. Archivo Histórico de El Comercio: accidente aéreo en Pisco de 1962
Batalla, C. (2025, 18 de septiembre). El día de 1962 en que dos aviones de la FAP se pulverizaron sobre el cielo de Pisco. El Comercio. Archivo Histórico. Revisión del Archivo Histórico de El Comercio
Fuerza Aérea del Perú. (2023, 6 de septiembre). Boletín El NA-50 y su Historia en la Fuerza Aérea del Perú. Gobierno del Perú. Fuerza Aérea del Perú – publicaciones históricas
Fuerza Aérea del Perú. (2023, 29 de noviembre). Comandante General de la FAP recibe Medalla de Honor y Credenciales del Instituto de Estudios Históricos Aeroespaciales del Perú. Gobierno del Perú. Instituto de Estudios Históricos Aeroespaciales del Perú

1 Comentarios
Jorge Luis Torres Delgado: Gracias al autor de la nota por dar conocer parte de la historia aeronáutica del Perú, que no sólo constan de hazañas y logros alcanzados por nuestros aviadores, sino también acontecimientos trágicos que nos unen en dolor ante la pérdida de los hijos de la patria.
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