El diagnóstico compartido por Keiko Fujimori y Roberto Sánchez sobre la educación peruana es, en apariencia, certero: infraestructura deficitaria, brecha digital, deserción escolar y docentes precarizados. Las cifras respaldan la urgencia: cerrar la brecha en infraestructura educativa costaría S/ 158,832 millones, y a nivel nacional el 16.2% de colegios públicos se encuentra al borde del colapso, con Lima (27.3%), Puno (24.3%) y Cusco (20.1%) en situación crítica . En servicios básicos, solo el 47% de instituciones educativas cuenta con agua potable y apenas el 41.9% con desagüe por red pública; en zonas rurales, donde se concentra el 61% de los colegios, el acceso cae al 18% para agua y 12% para desagüe . Sin embargo, ambos planes pecan de superficialidad: Keiko identifica problemas pero evade las causas estructurales —corrupción en ejecución, ineficiencia de las UGEL— mientras Roberto acierta al señalar el subfinanciamiento crónico (Perú destina 4.24% del PBI frente al 6% recomendado por UNESCO) pero se pierde en un discurso de derechos sin anclaje pedagógico .
En el corazón del fracaso educativo —el aprendizaje— ambos candidatos muestran una desconexión peligrosa. Keiko propone laboratorios de innovación e inteligencia artificial en escuelas rurales donde apenas se comprende lo que se lee, ignorando que sin acompañamiento pedagógico situado, la tecnología es un adorno costoso. La evaluación del programa One Laptop per Child en Perú (2008-2011), que distribuyó más de 850 mil laptops XO, demostró que no hubo efectos significativos en pruebas estandarizadas de matemática y lenguaje, aunque sí un enorme aumento en acceso y uso de computadoras. El 70% de docentes recibió capacitación, pero ello resultó insuficiente para mejorar aprendizajes . El Proyecto Huascarán (2002-2007) fracasó por similar razón: no se cumplió el objetivo de conectar todos los colegios públicos y faltó una estrategia pedagógica sostenible . Keiko propone 6 millones de dispositivos —repitiendo el error de priorizar el hardware sobre el método— mientras Roberto ni siquiera incluye la mejora de comprensión lectora o matemáticas como objetivo explícito. Ese silencio es imperdonable cuando los resultados PISA 2022 muestran que solo 34% de estudiantes peruanos alcanza el nivel mínimo en matemáticas.
Sobre infraestructura, Keiko promete 3,000 colegios nuevos cuando el déficit supera los S/ 158,832 millones y 43,714 colegios carecen de agua potable y desagüe . No hay plan de mantenimiento preventivo ni estrategia para resolver la baja capacidad de ejecución regional: en 2024, los gobiernos locales ejecutaron apenas el 65.1% de los S/468 millones asignados, y departamentos como Pasco (34.8%), Huánuco (39.4%) y El Callao (1.7%) mostraron desempeños paupérrimos . Roberto es aún más tímido: reducir la brecha solo en 20% en cinco años es una meta modesta frente a la magnitud del problema. Ambos evaden lo obvio: antes de construir, hay que garantizar agua, desagüe y electricidad en lo existente. La deserción escolar afecta a entre 700,000 y 800,000 estudiantes por año (9-10% de la matrícula), y más de 46,000 estudiantes abandonaron primaria entre 2022 y 2023; las niñas en zonas rurales abandonan por falta de saneamiento adecuado durante su periodo menstrual .
La formación docente es otra asignatura suspendida. Keiko paga la deuda social (necesario) pero omite la reforma de la formación inicial y la carrera magisterial basada en desempeño. Roberto propone nombrar al 90% de docentes —lo que daría estabilidad— pero no especifica cómo evaluar, capacitar o separar al mal docente. El analfabetismo persiste en el Perú: en los últimos 15 años solo se redujo 2.6 puntos porcentuales, y regiones como Huánuco (12.5%), Apurímac (11.2%) y Cajamarca (9.9%) presentan las cifras más alarmantes, con más del 80% de personas analfabetas mayores de 40 años . Sin incentivos reales ni liderazgo pedagógico, el nombramiento masivo puede cronificar la mediocridad. Ambos ignoran que la evidencia internacional muestra que la mejora educativa pasa por el trabajo colaborativo docente y directores que lideren el aprendizaje, no solo trámites.
En gestión y financiamiento, Keiko acierta al proponer un Sistema Nacional de Información Educativa Integrada (SNIEI), pero no enfrenta la podredumbre de las UGEL ni la corrupción en obras. La ejecución del presupuesto para infraestructura educativa en 2024 fue de apenas S/ 1,429 millones —una fracción ínfima frente a la brecha de S/ 158,832 millones— y la capacidad de gasto regional es heterogénea y preocupante . Roberto plantea elevar el presupuesto al 6% del PBI, pero sin hoja de ruta fiscal clara ni mecanismos anticlientelismo en la descentralización. Ambos prometen más recursos, pero ninguno explica cómo gastarlos bien. En un país donde la ejecución presupuestal educativa es un calvario —el 70% del presupuesto se consume en planillas docentes, dejando escaso margen para inversión pedagógica—, hablar de metas ambiciosas sin reforma institucional es irresponsable .
Conclusión: Keiko ofrece un "Estado gerente" eficientista pero vacío de pedagogía y democracia; Roberto, un "Estado de derechos" discursivo pero sin estrategia de aprendizaje. El Perú no necesita más computadoras sin maestro capacitado —la historia de Huascarán y OLPC así lo demuestran— ni más colegios sin agua —cuando 43,714 centros educativos carecen de servicios básicos— ni interculturalidad sin comprensión lectora. Necesita una reforma que ponga el aprendizaje en el centro, con formación docente rigurosa, liderazgo escolar efectivo y gestión pública descentralizada y honesta. Mientras ambos sigan confundiendo infraestructura con calidad, y tecnología con innovación, la educación peruana seguirá siendo un espejismo electoral, y los 800 mil estudiantes que anualmente están en riesgo de desertar seguirán esperando soluciones que ningún plan ofrece.

0 Comentarios
¡Gracias por visitar el blog! 😊
Tu opinión es muy valiosa y ayuda a seguir creando contenido útil e interesante. Déjame tu comentario, sugerencia o experiencia.